Analizando la endoscopia y colonoscopia

Hablemos un poco sobre la endoscopia y colonoscopia. La endoscopia digestiva alta o, gastroscopia, es una de las endoscopias más conocidas y habituales. En este caso, la introducción del endoscopio se realiza por la boca. Esto con el fin de acceder directamente a la visión de la mucosa y las paredes del esófago. El estómago y el duodeno, pueden descartar o diagnosticar de forma muy precisa cualquier problema de salud del aparato digestivo. Incluso, en algunos casos, es posible tomar muestras para realizar biopsias.

La endoscopia aplicada al colon se denominada “colonoscopia”. No hay que temer a la prueba ya que esta exploración se realiza con técnicas de sedación profunda en la mayoría de los casos. Todo con el fin de que el paciente no sufra dolor alguno. En el pasado, las colonoscopias tenían otro tipo de procesos. Tanto así que hacían que el paciente saliera del hospital habiendo vivido una mala experiencia. Por fortuna, hoy la situación ha cambiado y gracias a la sedación profunda el paciente no siente molestia alguna.

Una colonoscopia se indica en los casos en que hay una hemorragia digestiva. La prueba permite saber cuál es la lesión que produce esas pérdidas de sangre y establecer un diagnóstico. También se realiza en los casos de reflujo “gastroesofágico”. Podemos encontrarlo también cuando un paciente tiene problemas en el hígado y varices en el esófago. Otra de sus indicaciones son los casos de úlceras y tumores, ya que, gracias a la colonoscopia, se pueden diagnosticar de forma precoz los carcinomas en el colon. De esta manera se pueden ver las lesiones, tratarlas y tomar biopsias con precocidad. Por tanto, la colonoscopia no es solo una prueba diagnóstica sino también preventiva.